Oda a la naranja
Fuiste
azahares de novias
ilusionadas.
Luego,
alumbradora
en el verdor de los campos,
receptora
de pájaros sedientos,
apoderada
de vibraciones de luz.
Llegaste,
viajera litoraleña,
cargada de jugos chispeantes,
de rocíos, de sabor,
de perfumes casi sacros.
Coloreaste
barquitas isleñas,
canastos gigantes,
cajones, fruteras
y rebalsantes vasos.
Disfruto
tu sabor incomparable.
Quisiera
con todas las manos del mundo
hacer un gran cuenco
para beber.
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